Fundamental participará de la audiencia pública en el Tribunal Constitucional por proyecto de indulto humanitario

Fundamental fue aceptada por el Tribunal Constitucional para participar de la audiencia pública que este órgano convocó en forma previa a la vista del requerimiento de inconstitucionalidad presentado por un grupo de senadores oficialistas, que impugna el proyecto de ley impulsado por el Gobierno para establecer un indulto humanitario en el contexto de la pandemia de COVID-19. En la audiencia, que se realizará el próximo lunes 13 de abril, a las 14 horas, Fundamental será representada por nuestro director ejecutivo, Branislav Marelic.

El requerimiento de los senadores de derecha busca que el Tribunal declare inconstitucional la exclusión del indulto de los condenados por la comisión de delitos de lesa humanidad durante la dictadura cívico-militar (1973-1990).

Fundamental expondrá su opinión jurídica al respecto, en orden a que la exclusión de las personas condenadas por esa clase de crímenes no resulta discriminatoria sino, al contrario, es la única forma en que el Estado chileno puede cumplir sus obligaciones internacionales en materia de persecución de este tipo de delitos.

Previamente, en el mismo expediente, Fundamental acompañó un informe a modo de amicus curiae, en que se desarrollan por escritos los argumentos de nuestra opinión. El informe es el mismo que se acompañó en los autos rol 5677-18, requerimiento que también fue promovido por parlamentarios de derecha buscando aplicar beneficios carcelarios (en ese caso, la libertad condicional) a condenados por delitos contra los derechos humanos, en iguales condiciones que a condenados por delitos comunes. El informe puede ser descargado aquí.

Imagen: (CC) Wikipedia.

Los derechos humanos: una construcción que podría derrumbarse

He sido docente de historia jurídica durante cuatro décadas.
También he dado clases de derechos humanos y de las personas.
Mi pasión ha sido y es investigar sobre la construcción, en el tiempo, 
de los derechos que en nuestra época consideramos como fundamentales.
Me encanta la historia de los derechos humanos. Por eso, quizás, 
no quiero que los derechos humanos sean historia.

No creo en la dignidad humana como algo innato, natural o metafísico.
Prefiero verla como una difícil y maravillosa construcción cultural colectiva.
Una obra milenaria erigida con la sangre y las lágrimas de millones de personas.

Esta asunción trae al menos un par de corolarios. 
Los entes naturales, como el sol, el viento o la lluvia, 
no requieren del quehacer humano para seguir estando y funcionando
(podemos afectarles, si disponemos de la tecnología, pero no dependen de nosotros).

En cambio las construcciones, 
como las casas y los puentes, precisan cuidado constante.
Si se las desea mejorar, es necesario poner manos a la obra. Pero hasta para mantenerlas, 
para que no se caiga lo que se ha construido, se impone un permanente esfuerzo.

El segundo corolario que me parece importante destacar aquí es que, 
como toda construcción cultural, la de los derechos humanos tiene coordenadas étnicas.

O sea: no es universal. Sus presupuestos se fueron encontrando, al menos desde el antiguo Sumer.
Acarrea los aportes del pensamiento mesopotámico, hebreo, egipcio, griego, romano y germánico, 
junto con contribuciones menores. La tradición judeocristiano-musulmana, la filosofía griega, 
y la ciencia jurídica romana, son sus columnas vertebrales, 
que se conjugan definitivamente en la Edad Media.

Esto quiere decir que hay factores inherentes a esa construcción que
(y esto no ha de ser interpretado como falta de respeto, por el contrario)
no integran (al menos no de modo central) otras notables tradiciones humanas, 
como la china, la japonesa, la americana originaria, la africana subsahariana, etcétera.

Los fenómenos expansivos, 
el incremento de los desplazamientos y las comunicaciones, en los últimos siglos, 
generaron transculturaciones enormes en muchas de aquellas sociedades, 
pero esas incorporaciones no ganaron la fuerza de las tradiciones inveteradas.

La construcción cultural de la idea del individuo y sus derechos, 
especialmente frente al poder del estado (que presenta una historia traumática, 
pero bastante clara en sus lineamientos), es uno de los elementos fundamentales, parece, 
de aquella tradición que fue erigiéndose en Medio Oriente, Norte de África y Europa y luego América.

Esa noción conlleva las de intimidad y libertad de elecciones, creencias y desplazamientos físicos.
El concepto de solidaridad no impuesta y de compromiso comunitario aceptado voluntariamente.
Estos factores son inherentes a nuestra construcción cultural, 
derivados de los derechos humanos y la dignidad humana.

En esa tradición cultural judeocristiano-musulmana y grecorromano-germánica, a su vez,
se fueron construyendo unos determinados principios y derechos «biológicos», 
vinculados con la «bioética», que debe mucho a la reacción frente a las prácticas nazis, 
terminada la II Guerra Mundial, atizada por la sofisticación tecnológica de los años 60s, 
y las primeras prevenciones sobre la posibilidad de un colapso ambiental irrecuperable.

El estadounidense Van Rensselaer Potter relanza la palabra «bioética», 
en clave de supervivencia global (hoy diríamos ecológica). Sin embargo,
en la década de 1980 se fue acentuando su vínculo con la ciencia médica,
y como sustento de los derechos de las personas que están enfermas, 
en un contexto cultural de defensa de la dignidad humana.

Así, de modo trabajoso y no muy pacífico, con grandes debates aún en curso, 
se van construyendo nociones como la del derecho a rechazar ciertas terapias
(que tanto debe a los Testigos de Jehová), el derecho del enfermo a una muerte digna, 
el derecho a recibir cuidados paliativos, el derecho del paciente crítico a procedimientos experimentales, 
el derecho a no perder nunca el respeto por el pudor, las creencias religiosas y los afectos personales.

Con relación al cadáver de los seres queridos, y de las personas en general, 
la tradición cultural suma a las consideraciones de raíz bíblica las de cuño helénico, 
insuperablemente planteadas en la tragedia Antígona, escrita por Sófocles hace unos 2.500 años.

De todas esas líneas emerge el derecho a saber el destino del cuerpo, 
y poderle dar el tratamiento que se desee, según las propias creencias y las de la persona muerta.
La negación de este derecho es particularmente dura en nuestra tradición cultural, 
y trae a la memoria la desagradable imagen de los desaparecidos.

El racionalismo, y más tarde algunas líneas positivistas, 
llevaron a la convicción de que los ordenamientos normativos, 
e incluso las decisiones judiciales, podían ser productos de la lógica.
Entonces, como la razón es universal, estarían fuera del tiempo y espacio.

Un código racional podría servir para cualquier pueblo y nunca ser modificado.
Aparecieron así los trasplantes de constituciones, códigos, leyes y hasta sentencias.
Pronto se mostró que el paradigma había ignorado el carácter tradicional, antropológico, 
social, histórico, de esas respuestas. Las normas daban resultados diferentes en cada país. 
Muy difícilmente funcionaban en sus contextos de recepción como en aquellos de su origen.

La peste actual (que sigue siendo una peste tenga el nombre raro que tenga) 
está ocasionando el trasplante de respuestas normativas que se suponen exitosas
(como las de China o Corea) en contextos de tradición cultural completamente distinta.

Muchos fracasos de ese trasplante (como la menor aceptación del aislamiento preventivo, 
o del uso de mascarillas protectoras, o el temor ante el incremento del poder de los gobiernos)
son a menudo interpretados como muestras de ignorancia, de indisciplina social o de estupidez, 
cuando pueden también ser atribuidos a que nuestra tradición cultural no es la del Oriente, 
acostumbrado desde hace milenios a la sumisión a la potestad omnímoda y a la no individualidad.

Esa tradición no es mala ni buena, 
quizás sea mejor que la construcción cultural nuestra, es muy posible.  No lo sé.
Pero es diferente de la nuestra y negarlo sería darse de cabeza contra la evidencia. 
Y, que yo recuerde, hasta el mes de febrero pasado, en general, aquella nuestra nos gustaba bastante.

La peste actual está poniendo en juego no sólo a nuestros sistemas de salud, 
sino además a nuestra construcción cultural, lo que no es de poca importancia.
Quizás deberíamos, en todos los países de tradición «occidental», tener cuidado.
Velar porque las graves circunstancias que vivimos no hagan caer nuestro legado.

Los parlamentos han de pasar a sesionar en línea. 
Quizás esta sea la gran oportunidad (el mal que venga por bien) 
para ir implementando de una vez la democracia telemática directa general, 
que nos puede llevar algún día a terminar con las dudosas formas representativas de legislación.

Los poderes ejecutivos, y los gobiernos en general, 
deberían ejercer su potestad con limitación y enorme respeto, 
evitando las sanciones desmesuradas, las represiones humillantes, 
los excesos de fuerza y las actitudes abusivas o generadoras de males peores.
El diálogo y la atención al pensamiento diverso han de predominar, los denuestos e insultos salir del discurso.
Nadie debe ser considerado enemigo público por opinar de otra manera, aunque suene muy chocante.

No debemos olvidar nunca, ni en los peores momentos de esta maldita peste, 
esa construcción tan ardua que nuestra cultura hizo para tener derechos humanos, 
para generar el concepto de dignidad humana. Millones de antepasados nos lo demandan, 
especialmente quienes dejaron jirones de su única existencia ante el abuso de los poderosos.
No olvidemos que esos derechos duran toda la vida, aunque ésta se prolongue por muchos años.
No olvidemos que las personas enfermas, incluso las moribundas, no pierden esa dignidad humana.

No lo olvidemos, 
salvo que hayamos tomado la decisión de abandonar nuestras construcciones culturales,
de declararlas públicamente erróneas e ineptas para las situaciones límite como la que estamos viviendo
(que son, en definitiva, las verdaderas oportunidades en que tales construcciones se ponen a prueba:
si no sirven en ese contexto, no sirven para ningún otro). 

Si lo olvidamos, 
el estudio de los derechos humanos pasará a ser un capítulo de la historia jurídica.

RICARDO RABINOVICH-BERKMAN
Buenos Aires, 3 de abril de 2020
(se autoriza y agradece la difusión por cualquier medio, siempre con mi firma)

Imagen: (CC) Wikipedia.

Recomendaciones en materia de derechos humanos ante la crisis sanitaria por COVID-19

Fundamental, en su calidad de institución inscrita en el registro de organizaciones del Instituto Nacional de Derechos Humanos, fue invitada a participar de la sesión extraordinaria del Comité Técnico Asesor en Derechos Humanos celebrada a distancia el día de hoy, convocada para tratar las medidas que el Estado chileno debe tomar en cumplimiento de sus obligaciones internacionales ante la emergencia sanitaria que viven el país y el mundo.

El mencionado comité es una instancia técnica, convocada por el Comité Interministerial de Derechos Humanos y coordinada por la Subsecretaría de Derechos Humanos.

En la oportunidad, Fundamental fue representada por nuestra directora Enza Alvarado, quien expuso una serie de recomendaciones realizadas desde la experticia de nuestra organización, haciendo un énfasis especial en la apremiante situación de las personas que se encuentran bajo custodia del Estado.

El contenido de su exposición se encuentra en la minuta que se adjunta a esta nota, la que creemos puede ser de utilidad como punto de partida sobre el punto, tanto para organizaciones estatales como de la sociedad civil.

Protesta social en Chile: Minuta para consideración de la CIDH en su visita in loco a Chile

En el contexto de la realización de la visita in loco de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a Chile, Fundamental hizo entrega de una minuta titulada «Protesta social en Chile», la que ahora ponemos a disposición pública.

En el documento, además de ofrecer un breve relato de contexto, se critica la respuesta que el Gobierno chileno ha dado a la protesta social en las semanas, poniendo el énfasis en (i) las limitaciones ilegítimas que ha sufrido la libertad de información, (ii) la vigencia del régimen de autorización previa al que se sujeta el derecho de reunión en lugares públicos y (iii) la agenda legislativa impulsada por el Gobierno en torno al ejercicio del derecho de protesta, con una clara intención punitiva.

El documento puede ser descargado aquí.

Fundamental participa de encuentros de la CIDH con la sociedad civil en su visita in loco

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el contexto de su visita in loco a Chile, en la que busca comprobar presencialmente la situación de vulneración de derechos humanos que se vive desde octubre de 2019, con el inicio del llamado «Estallido social», y que ha sido denunciada por múltiples instancias, convocó a reuniones con organizaciones de la sociedad civil para recibir las informaciones que estas pudieren ofrecerle.

Fundamental participó de las reuniones celebradas tanto en Santiago, a través de su colaboradora Daniela Campos, como en Concepción, a través de su presidenta, Tania Busch, y de sus socios Abraham Quezada y Esteban Busch. En dichas reuniones pusimos el énfasis de nuestras intervenciones en las limitaciones ilegítimas que ha sufrido la libertad de información, la mantención de un régimen de autorización previa para el ejercicio de la libertad de reunión en lugares públicos y el impulso de una agenda legistativa punitiva por parte del Gobierno como respuesta a las protestas.

Estos puntos, por cierto, como complemento de los múltiples casos particulares que forman la situación general de las vulneraciones en Chile, las que fueron destacadas por numerosas organizaciones.

Presidenta de Fundamental participa de programa en TVU explicando la importancia de la participación femenina en el proceso constituyente

Nuestra Presidenta, Tania Busch, participó del programa Estelar, de TVU, donde conversó sobre la necesidad de una nueva Constitución para nuestro país y enfatizó la importancia de que el proceso constituyente incluya una participación femenina paritaria.

El registro del programa puede ser revisado en el sitio de TVU, aquí.

Manuel Campos explica acuerdo por la nueva Constitución en AbogaRock

Nuestro socio Manuel Campos, quien es profesor de la Universidad de Concepción, fue invitado al programa AbogaRock, de RadioMas.cl, donde conversó con su conductora, la abogada Karen Mug, sobre el acuerdo alcanzado por casi todos los partidos con representación parlamentaria para iniciar un proceso constituyente.

El programa puede ser revisado en el video publicado por RadioMas.cl, aquí.

Director de Fundamental expone situación de los derechos en Chile en Stock Disponible

Nuestro director Roberto Cárcamo participó del programa Stock Disponible, de Vía X, conversando con Freddy Stock sobre la situación de los derechos humanos en Chile y las vulneraciones que han sufrido por la represión del Estado a las protestas desarrolladas en las últimas semanas.

Además, presentó el proyecto Testigo en Línea, desarrollado por Datos Protegidos y Fake News Report. Por último, enfatizó la necesidad de que el gobierno chileno acepte la visita in loco solicitada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Expertas y expertos de la ONU condenan el uso excesivo de la fuerza por el Estado chileno

Expertos y expertas del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas condenaron el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad de Chile, en el marco de las protestas de las últimas semanas. Señalaron que: «La violencia nunca puede ser la respuesta a las demandas sociales y políticas de las personas, el elevado número de heridos y la manera en la cual se han utilizado las armas no letales parece indicar que el uso de la fuerza fue excesivo y violó los requisitos de necesidad y proporcionalidad».

En su comunicado indican además:

1. Que el uso de armas no letales parece indicar que el uso de la fuerza fue excesivo y no cumplió requisitos de necesidad ni proporcionalidad.

2. Manifestaron su preocupación por el uso de fuerza, malos tratos y golpes antes de las detenciones y las dirigidas a niños, niñas y adolescentes, conductas que podrían constituir tortura.

3. Que recibieron informes en casos de violencia sexual y el Estado debe establecer medidas de protección específicas.

4. Que el Estado chileno debe permitir que las protestas se realicen, aislando a quienes recurran a violencia pero garantizando que las personas ejerzan sus derechos.

La comunicación, que puede ser revisada aquí, fue suscrita por Clément Nyaletsossi Voule, Relator Especial sobre el derecho a la libertad de reunión pacífica y de asociación; José Antonio Guevara Bermúdez, presidente-relator del Grupo de Trabajo sobre la detención arbitraria; Agnes Callamard, Relatora Especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias; David Kaye, Relator Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión; Michel Forst, Relator Especial sobre la situación de los defensores de los derechos; Philip Alston, Relator Especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos; y Meskerem Geset Techane, Presidenta del Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra la mujer y las niñas.

Las relatorías son el mayor órgano de expertos independientes de Naciones Unidas para los derechos humanos, realizan investigación y monitoreo establecidos por el Consejo de DDHH para hacer frente a situaciones concretas o a cuestiones temáticas en todo el mundo.

En el marco de su función, Fundamental junto a Datos Protegidos envió una comunicación a trece expertos y expertas del sistema universal de protección de los derechos humanos remitiendo antecedentes sobre violaciones de derechos humanos durante el estado de excepción constitucional dispuesto por el gobierno chileno y solicitando medidas para el restablecimiento del imperio del derecho.